Tipos de improvisadores: ¿cuál eres tú sobre el escenario? | Descúbrelo con nuestro TEST

Si llevas un tiempo en el mundo de la improvisación teatral, probablemente ya hayas reconocido a alguien de tu elenco en alguna de estas situaciones. Quizás incluso te hayas reconocido a ti.

En los primeros años de formación (y hay quién durante toda su vida improvisadora) tendemos a caer en los mismos patrones. Aprendemos herramientas, entrenamos, mejoramos… pero hay ciertos comportamientos que se resisten.

Este artículo no va de señalar a nadie (guiño, guiño). Va de poner nombre a esos patrones que todos reconocemos porque todos los hemos vivido, desde dentro o desde fuera del escenario.

Proponemos 21 tipos de improvisadores. Probablemente serás una mezcla de varios. Y lo más interesante no es cuál eres, sino qué haces con eso.

Los que dificultan la creación

Ninguno de los tipos de improvisadores que aparecen en este grupo quiere boicotear la impro. De hecho, la mayoría cree que está ayudando. El problema es que sus patrones cortan el flujo creativo antes de que empiece a fluir de verdad.

El/La Muro

Experto o experta en bloquear propuestas, casi siempre sin darse cuenta. Cada vez que alguien le ofrece algo, lo esquiva, lo minimiza o lo reconduce hacia lo que él o ella ya tenía pensado. No es mala fe: es miedo a perder el control de la escena. El problema es que cada bloqueo es una historia que muere en el momento de nacer. En impro, la propuesta del otro es un regalo. El/La Muro lo devuelve sin abrir.

El reto: La próxima vez que sientas el impulso de decir «no, pero…», prueba con un «sí, y además…» y observa qué pasa.

El/La Retaguardia

Nunca en primera línea si puede evitarlo. Aparece en escena principalmente porque le han llamado, porque alguien le señaló o porque no había otro remedio. Le cuesta mucho proponer, pero se siente muy cómodo o cómoda adaptándose a todo lo que le propongan. El «sí, lo que tú digas», llevado al extremo, también es una forma de no estar del todo presente.

El reto: Entra en escena por tu propia voluntad, sin que nadie te llame. Solo una vez.

El/La Inalterado/a

Da igual lo que suceda en la impro: sus personajes no cambian. La mayor parte del tiempo porque se está interpretando a sí mismos con otro nombre. Nada le altera, nada le sorprende, nada le mueve. Como espectador o espectadora a veces resulta curioso; como compañero o compañera de escena, a veces te dan ganas de agitarle a ver si hay alguien ahí dentro.

El reto: Elige un personaje que piense y sienta lo contrario que tú. Y luego déjate llevar de verdad.

reaccionar desde la verdad en impro

Los del exceso

Aquí el problema no es la falta de energía, sino todo lo contrario. Hay tanta que a veces desborda la escena y complica la vida de quienes la comparten. ¿Te reconoces entre alguno de estos tipos de improvisadores?

El/La Sobreactuado/a

Cada emoción, al máximo. Cada reacción, desbordada. Un susto leve se convierte en un infarto. Una sorpresa mediana se convierte en la revelación del siglo. En el buen teatro, las emociones se viven, no se representan. El/La Sobreactuado/a vive a un volumen que puede aplastar al resto de la escena, aunque su intención sea todo lo contrario.

El reto: La próxima vez que sientas la emoción, quédate con la mitad. Solo la mitad. El público lo verá igual.

El/La Musiquitas

Lo canturrea todo. O hace efectos de sonido a todas las acciones que suceden en escena, tanto las suyas como las de sus compañeros y compañeras. A veces es un recurso maravilloso que da vida a la escena. Otras, el elenco en pleno está intentando sostener una escena dramática mientras al fondo se escuchan unos «chusquis, chusquis» incontrolables que no cuadran con nada.

El reto: En la próxima escena, mantén silencio absoluto. Deja que la escena tenga sus propios ritmos.

El/La Matasilencios

Incapaz de estar en silencio. Los silencios le incomodan y tiene que meter palabra, aunque eso suponga romper una tensión maravillosa que se había generado en escena. Los silencios en impro no son el vacío: son carga dramática, respiración, espacio para que el público imagine. Pero El/La Matasilencios los llena antes de que llegue a suceder algo.

El reto: La próxima vez que llegue el silencio, quédate dentro un segundo más de lo que te pide el cuerpo.

El/La Seductor/a

Da igual el tipo de historia, da igual el personaje o el contexto: siempre encuentra la manera de seducir a alguien en escena. Su principal arma es el juego de la seducción. No es necesariamente romántico: puede ser carisma, encanto, manipulación emocional. Cuando encaja, la escena chisporrotea. Cuando no encaja del todo, puede resultar un poco forzado.

El reto: Prueba a interpretar un personaje que conecte de un modo totalmente diferente, sin seducir.

El/La Chistecitos

Vive para el chiste. Si la escena no se lo da, lo fabrica como sea, aunque tenga que salirse del personaje para conseguirlo. Son muy divertidos en formatos de juegos o shows de humor puro. El problema llega en formatos de escenas largas o con mayor carga emocional, donde el chiste fácil puede romper algo que tardó varios minutos en construirse. Su compañero o compañera de escena suele quedar un poco en tierra de nadie.

El reto: Confía en que la verdad de la escena ya es divertida sin que tengas que forzarla.

improvisador que solo cuenta chistes

Los que controlan (aunque sea de lejos)

Estos tipos de improvisadores confunden «cuidar» con «controlar». Lo hacen con buena intención. Pero la improvisación es trabajo de equipo y el control, en exceso, puede convertir una colaboración creativa en una clase magistral unilateral.

El/La Director/a

Se echa la historia a las espaldas sin que sea su responsabilidad, porque en la impro la historia es de todo el elenco. Trata de reconducirlo todo, marcar las salidas, hacerle propuestas internas a los compañeros y compañeras… para que la impro sea lo más coherente posible. A veces solo lo es en su cabeza. Y si hay dos directores o directoras en la misma escena, el choque puede ser épico.

El reto: Deja que la historia se cuente sola. Tu único trabajo es el siguiente momento, no el final.

El/La Concreciones

Le angustia que las cosas no queden suficientemente claras y se encarga de concretarlo absolutamente todo. «Así que eres mi hermana, llevamos tres años sin hablarnos, estamos en 1987, son las tres de la tarde y acabamos de volver del funeral de papá, ¿verdad?» El mundo de El/La Concreciones está perfectamente definido. Quizás demasiado: ya no queda nada por descubrir.

El reto: Deja que algo quede sin definir. La ambigüedad también puede ser dramáticamente interesante.

El/La Mental

Está todo el rato pensando en qué hacer y cómo hacerlo. Se le ve pensando en lugar de vivir el momento presente. Le cuesta salir de su mente para estar realmente en la escena. La ironía: al estar tan dentro de su cabeza, alguien le adelanta en la propuesta justo cuando ya la tenía lista, lo que genera una frustración mayúscula.

El reto: En lugar de pensar lo que vas a hacer, observa lo que ya está pasando. La escena ya tiene propuesta.

improvisador muy mental

Los que construyen para el elenco

Estos tipos de improvisadores son los que hacen que trabajar con ellos y con ellas sea un regalo, aunque a veces no brillen tanto como merecen.

El/La Generoso/a

Crea para quien comparte escena con él o con ella. Propone para que el otro o la otra se luzca. Trabaja en modo alfombra roja constante, dejando que quienes comparten escena tengan siempre el mejor espacio para brillar. Un placer trabajar con este perfil. La trampa: a veces queda en un segundo plano y brilla menos por hacer brillar a otras personas. Aunque probablemente, en el fondo, tampoco le importe demasiado.

El reto: En la próxima escena, da el paso y quédate en el centro. Que alguien te prepare la alfombra roja a ti.

El/La Navaja Suiza

Sirve para todo. Puede ser paciente y realista, puede interpretar personajes fuertes o secundarios. Es el tipo de improvisador o improvisadora con múltiples talentos con el que siempre puedes contar. Llena los huecos que otros dejan, se adapta sin perder el norte y sostiene la escena cuando todo lo demás tambalea. Probablemente sea el perfil más completo del elenco, y el que menos necesita este artículo.

El reto: Arriésgate a no funcionar. Aporta tu inestabilidad. Los más completos también tienen su punto ciego.

El/La Escenografías

Su especialidad es salir a escena a hacer de objeto para vestir el espacio, o pasarse toda la escena construyendo físicamente el entorno para dejar bien claro dónde están los personajes. Fundamentales cuando el espacio importa. La trampa es cuando El/La Escenografías lleva cinco minutos siendo una silla mientras la historia avanza sin él o sin ella.

El reto: Crea el espacio con dos gestos y entra en la historia. El espacio también se construye con lo que sienten los personajes.

tipos de improvisadores que accionan

Los que complican (y a veces es brillante)

Estos tipos de improvisadores aportan conflicto, drama, caos. A dosis correctas, son el motor de una buena historia. Cuando se exceden, pueden convertir una buena escena en una película de catástrofes de la que nadie sabe cómo salir.

El/La Abremelones

Experto o experta en generar conflictos, incluso cuando la impro ya debería estar cerrándose. Para él o para ella, la historia nunca es suficientemente interesante y crea nuevas líneas de conflicto sin haber cerrado las anteriores. Abre un melón, abre otro, abre tres más. La escena se convierte en un festival de problemas irresolubles y el elenco, en un equipo de emergencias improvisado.

El reto: En la próxima escena, cierra un conflicto antes de abrir otro. Que algo tenga final.

El/La Telenovelas

Experto o experta en enredarlo todo y convertirlo en drama y sufrimiento para el protagonista. Todo es más grave de lo que parece, todo tiene implicaciones emocionales profundas, todo acaba en traiciones o revelaciones impactantes. En su justa medida, el drama es el corazón de la impro. En exceso, la historia se convierte en una espiral de la que nadie sabe cómo salir.

El reto: Encuentra el humor en el drama. O el drama en el humor. Los dos mundos no son incompatibles.

El/La Bocas

Le gusta meterse en fregados. Hace propuestas que rozan el límite de la incomodidad para el público y para el resto del elenco. A veces es exactamente lo que la escena necesita para romper con lo predecible. Otras veces es un problema serio, sobre todo cuando se frustra porque el resto no le sigue el juego y sube la apuesta.

El reto: Aprende a distinguir cuándo tu incomodidad sirve a la historia y cuándo solo sirve a tu ego.

El/La Pistolitas

¿La escena no tiene salida? Alguien muere. ¿El conflicto se complica? Resulta que todo era un sueño. ¿La historia se estanca? Su personaje está bajo los efectos de algo. Es el comodín del cierre fácil. Un recurso válido cuando aparece de forma orgánica. Como salida de emergencia habitual, empieza a perder su gracia bastante rápido.

El reto: Cierra tu próxima escena sin muertes, sin sueños y sin sustancias. Confía en la historia que ya tienes.

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Los que aportan desde otro lugar

Estos tipos de improvisadores no son mejores ni peores que los anteriores. Son distintos. Y cuando están entrenados y saben gestionar sus tendencias, pueden ser lo más interesante de cualquier elenco.

El/La Disruptivo/a

Se atreve con propuestas poco costumbristas. Rompe con las escenas de lo cotidiano y busca sorprender o explorar mundos y propuestas distintas. Para el espectador o la espectadora, es una fuente constante de sorpresa. Para el elenco, si no están entrenados para recibirlo o recibirla, puede ser una sudada constante.

El reto: Usa tu capacidad disruptiva al servicio de la historia, no para escapar de ella. La rareza también puede tener raíces. Y sobre todo, conoce al elenco con el que trabajas.

El/La Herramientas

Quiere hacer uso de todas las técnicas que ha conocido a lo largo de su formación en diferentes escuelas, cursos y talleres, en cada improvisación. El problema es que el resultado a veces parece más un ejercicio de entrenamiento que una escena teatral viva.

El reto: Olvida las herramientas durante una sesión entera. A ver qué queda cuando solo estás tú.

El/La Wikipedias

Parece que tiene la Wikipedia instalada en la mente. Experto o experta en hacer referencias superconcretas: «Esto es exactamente lo que le pasó a Luis XIV el 18 de octubre de 1685 durante la revocación del Edicto de Nantes.» El nivel de concreción puede ser brillante para dar verosimilitud a una escena. El riesgo es que el público no siga el nivel de la referencia y que la escena pierda más de lo que gana.

El reto: Usa una referencia que solo tú conoces y hazla comprensible para todos. Es un ejercicio de traducción creativa.

tipos de improvisadores en teatro improvisado

¿Cuál de los 21 tipos de improvisadores eres tú?

¿Te has reconocido? ¿Has reconocido a alguien de tu elenco? Envíale esta lista para ver donde se ven unos y otros.

Lo bueno de conocer tu patrón es que ya no puedes no verlo. Y en cuanto lo ves, puedes elegir. Puedes seguir siendo El/La Muro o puedes abrir la puerta. Puedes seguir siendo El/La Mental o puedes bajar de tu cabeza al escenario.

¿Cuál de estos 21 tipos de improvisadores eres tú sobre el escenario? Cuéntanoslo en los comentarios. Y si crees que falta alguno en esta lista, escríbelo también.

Y si todavía no tienes claro cuál eres, el test que tienes justo aquí abajo puede ayudarte. A veces nos sorprendemos más de lo que esperamos.

¿Qué tipo de improvisador/a eres?

Responde estas 10 situaciones de escena y descubre tu patrón. Spoiler: probablemente te reconozcas más de lo que esperas.

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